El eterno invitado

Me consumo como un cigarro mal apagado, lentamente y dejando un olor acre, hoy llegué de nuevo a la eterna conclusión, soy prescindible, no dejo huella, soy el invitado a la fiesta que nadie recuerda si aparece y en que nadie repara si no va, recorro un camino de sonrisas forzadas, de besos fríos y ensayados o quizás ni eso, soy impermeable a los recuerdos, inmune a las miradas, un conversador de emergencia y transito social entre gente querida o interesantes desconocidos, un obstáculo familiar, una pared que evitar con suerte, un picor que se soporta en nombre de la buena educación, la forma fácil de llegar a la barra, el que te abre camino para llegar a la puerta, al que le explicas tus problemas y no oyes cuando habla, el eterno guarda, el paciente pesado, una formula de cortesía, el que te da fuego o cambio, el que vive esperando conmoverse, el que muere un poco con cada saludo de manual, el que te levantaría a pulso para que se oyera tu voz mientras se hunde un poco mas, un escalón para tu felicidad, un recuerdo en tu sótano, una nota a pie de pagina, un espera que ahora vengo, un cuéntamelo mañana que ahora e bebido, un te llamo esta semana. A veces me asqueo a mi mismo por seguir sintiendo, me golpearía, me escupiría a la cara por no a ver terminado mi armadura, me niego mil veces por seguir queriéndoos, me avergüenzo, me humillo escarbando mientras busco algún gesto de verdadero afecto. Da lo mismo, mañana fingiré estar vació. Parece que se me da bien
